lunes, 4 de marzo de 2013

llueve

y alguien se queja en las redes sociales "Todo el p...dia lloviendo..."
a lo que respondo:
ahora mismo la lluvia repiquetea en mi tejado y me arrulla, y el agua que corre por las ventanas distorsiona mis acostumbradas vistas y hace temblar los edificios y las ventanas. saldré a pasear con la perra bajo mi paraguas, y el aire estará limpio en lugar del habitual veneno que me da esta ciudad, y cuando volvamos ella se quedará esperando en el dintel de la puerta, para que la seque y la mime con la toalla. y el día ha sido metálico y de plata, y la luz no hacía apenas sombras. un gorrión ha venido a refugiarse un rato en mi balcón. para mí ha sido un día bonito, y mañana más.

amando el papel

que sí, que muy cómodo, que 4000 libros en una tarjeta. que sí, que portable y con batería de larga duración. pero: los libros que robo de las estanterías de casa de mis padres huelen a mi niñez. el que compro nuevo, con las ilustraciones de Lacombe huele y siente a satén. el que compro en el rastro por un euro, huele a humedad, y tiene rayajos sobre el papel amarillento, y trae más historias que las que le escribieron en la imprenta, con su dedicatoria perdida, que hago mía aunque no me llame Mariela. los que tengo de hace tiempo ya huelen al incienso que quemo en mi salón. el que se le cae la tapa ya del uso, lo sigo leyendo y pegando con celo para que aguante una vez más. quizá sea un romántico del libro, pero qué es sino leer un libro sino un acto de amor a la imaginación. quizá sea un anácrono, pero qué hay más atemporal que las épocas en las que viven los personajes. quizá vaya al revés del mundo, pero siempre me gustó empezar el periódico por la última página, y las portadas de la web me lo mezclan todo: la viñeta del día con el niño muerto de hambre; el concierto de la noche y la corrupción de los que mandan. y así no hay quien salte por las noticias. de momento, sigo amando el papel. no me veo tumbado en la playa tomando el sol mientras duermo, con un e-reader en la cara haciéndome sombra. y nadie tiene cuidado para no cortarse y soltar un "ishhhhh" con un amasijo de plástico y procesadores entre las manos.

martes, 26 de febrero de 2013

la vida secreta de los imperdibles

¿quién puede resistirse a la ténue fascinación que produce abrir y cerrar uno de estos objetos cuando caen en nuestras manos? los imperdibles son esos objetos misteriosos que deben su naturaleza mágica a la palabra por la que se les designa. si se hubieran llamado agujas con muelle en medio y enganche al final, por decir algo, no les ocurriría nada de lo que os voy a contar. el imperdible, por culpa de su nombre, no puede perderse. cuando ese terrible hecho está a punto de suceder tiene que transmutar al instante, ya que encontrar un imperdible crearía una paradoja mística que podría acabar con las leyes que rigen el universo. así pues, cuando alguien pierde un imperdible lo que sucede es que se convierte en otro objeto para poder ser encontrado sin vulnerar el orden cósmico. de este modo, si se pierde en un colegio, adoptará la forma de un lápiz roído o de una goma de borrar sucia, para acabar apareciendo en el plumier de algún estudiante, que no recordará cuándo lo guardó, o para qué, pero se quedará ahí. si la pérdida sucede en medio de la calle, una moneda suele ser lo más habitual, para poder volver a su ser en cuanto encuentre cobijo en un monedero cerrado, o mezclarse con las pelusas de un bolsillo distraído. durante este proceso, el imperdible sufre, pues aparentar ser otro objeto es un esfuerzo enorme y no le gusta. es feliz siendo un alambre retorcido y no otra cosa. goza siendo usado o en compañía de otros como él. así que, si os aparece un imperdible en algún lugar extraño, recordad: no lo habéis encontrado porque no se puede perder. lo más probable es que vosotros mismos lo pusierais ahi y debéis devolverlo a la caja de costura de donde salió, esa en la que guardáis botones que nunca coseréis. no intentéis entender por qué, con los años, y sin que hayáis comprado nunca uno, cada vez haya más.

lunes, 18 de febrero de 2013

emoción

qué maravilla sentirse adolescente en ese momento en que me debato indeciso entre besarte en la mejilla, comerte la boca o disimular

domingo, 30 de diciembre de 2012

retales del 2012

resumen de notas encontradas en la agenda a la hora de jubliarla:

se envejece el día en que dejas que otros luchen tus batallas

y qué bien sienta morirse en vida para que todo te dé igual

yo te hablo en lenguaje de signos y tú miras a otro lado


pocos me he encontrado este año...

jueves, 20 de diciembre de 2012

de ser artista y el perfeccionamiento del arte de mendigar

parecía que la época en que el ciego con una zamfona mendigando en una esquina, había pasado su tiempo. que el juglar y su ravel pidiendo a cambio de unas trovas eran cosa del medioevo. pero nada más lejos. con las nuevas tecnologías y las nuevas oportunidades cambiamos el cartelito en el suelo por el anuncio en facebook. "vótame para que me contraten", "dale al me gusta para pasar a la siguiente fase en un concurso de mierda en el que sodomizarán el arte de la música en pro de una audiencia", "compra mi disco en verkami o en crowdfunding antes de que empiece a componer, a ver si me animo a terminar las canciones y sobra algo de dinero para comerme una mariscada", y así una lista finita pero bastante grande de formas de pedir. porque dicen que es más triste robar que pedir, pero como no conozco gente que robe, me da pena ver como todos nos hemos vuelto expertos en disfrazar el cartel en el suelo de "dame algo" con tecnología aplicada a redes sociales. además, recuerda que si no me votas, eres un mal amigo, si no compras el disco antes, no estás comprometido con el artista. chantaje emocional, insulto camuflado en el "va, si sólo es un segundo, no seas vago". no digo que todo sean malas ideas, pero me cansa ver pedir el respeto al arte como si fuera una limosna. puede que los medios sean válidos, pero las formas a la larga nos pasarán factura.

jueves, 1 de noviembre de 2012

las pijas también lloran

su sonrisa era falsa, pero la pena de sus mirada era más verdad que la mano que la abrazaba. porque en la esquina de sus ojos estaba su corazón, al que ya no podía mirar nunca de frente. y no podía disfrutar de su vida porque aquella mano llena de pelos le recordaba constantemente que más tarde tendría que aguantar el peso sudoroso y ridículo de aquél que le da todo aquello que le han enseñado a codiciar. un precio demasiado alto para alguien cuya alma sigue viva en algún rincón, por mucho que intente enterrarla. y ahora, ahora que no la toca, mira a la cantaora, y por un instante y sin que se vea por fuera, la pena que canta, aunque no sea siquiera su historia, es una pena que se permite sentir en la piel ajena, hasta que los dedos ásperos y torpes de su captor la devuelven a su lugar, y siente la náusea que viene del recuerdo de sentir cerca la cabeza de su marido, con el mal aliento, mal engominada y la mueca ridícula en la cara tras el breve y decepcionante sexo habitual de las vísperas de fiesta.