cuando al corazón le fallan las fuerzas contra el dolor, sólo pide muerte.
quizá veneno, o aire bajo los pies, o un lametazo de acero.
lo peor de la soledad es estar sentado en el puerto, viendo cómo parten los barcos.
Esto es un cajón de sastre donde van a ir a parar los retales que no tienen cabida en ningún otro lugar. Algunos con algún sentido, otros no serán más que estupideces. Lo que no va a haber es coherencia.
cuando al corazón le fallan las fuerzas contra el dolor, sólo pide muerte.
quizá veneno, o aire bajo los pies, o un lametazo de acero.
lo peor de la soledad es estar sentado en el puerto, viendo cómo parten los barcos.
pobres, el vagón va bastante lleno y no pueden sentarse juntos. con pena, él se sienta a mi lado, ella, enfrente y a la izquierda.
pasan un par de paradas y llegamos a una estación importante. el coche se vacía y queda libre el asiento al lado de ella. él, alegre, se levanta y ocupa el espacio recién liberado, poniendo la mano en su espalda.
ahora ya están uno al lado del otro, para hacer todo el viaje juntos, mirando cada uno su propio teléfono móvil, sin hablar y sin mirarse.
como músico profesional, me voy viendo envuelto en diferentes proyectos. uno de los últimos es LA CARTA DE LOS 80. es una función teatral que me parece difícil de calificar debido a su singularidad. en ella se realizan múltiples viajes. el actor termina interpretando dos personajes, aunque su transición entre uno y otro es progresiva. el público se traslada a un momento y un lugar fuera del teatro. los músicos dejamos de ser simples tañedores de instrumentos para convertirnos en un vehículo que ayuda a las mentes a viajar a esos sitios.
algunos dirán que tener a un personaje grabado en una locución no es teatro, pero resulta que lo que nos narra, en lugar de suceder en el escenario, sucede en un lugar mucho más poderoso: la imaginación del espectador. y eso creo que es precisamente la gracia de una representación teatral, que por mucha o poca escenografía que haya, el salto final hacia la credibilidad se produce en la mente del que mira.
es ese salto el que hace que identifiquemos a ese personaje ausente, que lo referenciemos con alguien de nuestra memoria, ya que es probable que podamos ponerle un rostro familiar.
también es bonito ver que cada actor que viene, le da su giro y su interpretación a su parte, como si los músicos fuéramos la base de un grupo jazz, y el actor el improvisador que toma su solo entre pieza y pieza, convirtiendo en única cada representación.
veo al público (e incluso a nosotros) reír, llorar y emocionarse. si eso no es teatro, que me lo expliquen.