de un verde brillante, casi al final del andén y casi en el centro. así estaba la manzana. un poco magullada por la caída, seguramente de alguna mochila medio abierta, o de alguna bolsa de plástico muy llena. entera, no es basura, se podría comer. pero está en el suelo, nadie la recoge y nadie se la comerá. demasiado entera para que la echen a la papelera, pero ya ha tocado suelo, no se sabe de dónde viene, ya no es válida para la gente de bien. sólo dos destinos le son posibles: o la escoba del funcionario, o el hambre del mendigo. un acto trivial del destino se convierte en cruel por culpa de todos los ojos de que la miran. y yo paso al lado pero tampoco hago nada.
viernes, 19 de octubre de 2018
lunes, 8 de octubre de 2018
la caja del ratón
el pelo de colores y muchos pendientes. sujetaba una caja a media altura, como una ofrenda humilde a un dios menor. la caja tenía unos agujeritos y lleva impresa en sus lados un hámster, un hurón, un jerbo y un ratón. ella miraba por algún agujero de vez en cuando, quizá por preocupación, quizá por curiosidad, quizá por interés.
puede que un ratón no merezca una pena, pero de repente he pensado en esa imprenta, aquélla de donde salen cartones troquelados e impresos. una máquina enorme escupiendo las preformas de las cajas, cayendo y apilándose una a una en una montaña. y en cada una, un pequeño roedor hará un viaje desde una tienda, a una jaula donde pasará el resto de sus días. y entonces comprendo que un palé de cartón aúna los egoísmos de muchos, y resume la crueldad del ser humano.
viernes, 28 de septiembre de 2018
soledad
hay borrachos gritando en el vagón de al lado
dedos enviando mensajes
yo sólo intento leer a Bukowski
miércoles, 22 de agosto de 2018
parque muerte
domingo, 27 de mayo de 2018
en el suelo
normalmente vivo con la cabeza casi a dos metros sobre la tierra que piso. mi visión de la gente es casi siempre hacia abajo. ando esquivando toldos, ramas y paraguas los días de lluvia. es por eso que a veces me gusta sentarme en el suelo del vagón del metro y mirar hacia arriba, como mira un niño pequeño. y me imagino corriendo por el vagón, tirando del asa del bolso de la señora del vestido verde, gritando al majadero del teléfono que no me gusta su música y abrazándome a las rodillas del viejito que se ha quedado dormido. pero llega la estación y, como en la vida, tengo que levantarme, crecer, y vivir con las vergüenzas y normas de los adultos bien educados.
jueves, 22 de marzo de 2018
los niños de antes
antes los niños, maleducados y revoltosos, corrían por los restaurantes cuando habían terminado de comer: molestaban a las abuelas, se tropezaban con los camareros que se convertían por un segundo en malabaristas, hacían de las mesas con manteles sus túneles mágicos. ahora permanecen quietos, en un rincón, absorbidos frente a pequeñas pantallas. qué mal les estamos educando.
el andén
hay un secreto que pocos saben. los metros podrían pasar con más frecuencia de lo que lo hacen. pero es ese rato el que aprovechan los enamorados para besarse o despedirse. si pasaran más a menudo, se perderían muchos besos y eso no puede permitirse.